El Castillo de las Guardas

28 02 2009

El Castillo de las Guardas

 

 

 

Llevo tiempo sin salir con mi Venox, el aire y la lluvia no cesan, pero esta mañana aunque nublado el tiempo parecía que nos daría una pequeña tregua.

Hoy no importa nada de nada, ni la distancia, los kilómetros, ni la propia carretera, ni tan siquiera mi propia moto, que a fin de cuentas parece ser la protagonista de este Blog.  Hoy necesitaba evadirme, aparcar las preocupaciones  acumuladas durante la semana y descansar. Hoy cuando me puse el casco y me senté, cuando arranqué la moto y antes de acelerar, unos brazos se aferraron a mi cintura, como hace muchos años atrás, y su voz me susurro: Adelante.

Hace mas de un año que quería que ella viniera y que juntos paseáramos en moto, que  … a propósito de un café nos perdiéramos por la carretera y que fuera testigo de los momentos tan especiales que se pueden sentir por el simple echo de viajar por viajar.

Colgado como si estuviera en un gran árbol de Navidad hemos llegado a El Castillo de las Guardas; un pueblo pequeño con calles desordenadas y empinadas, de casa encaladas y típico  andaluz.

El Sol
El Sol

Es curioso pensar los rincones que están por descubrir aunque siempre estuvieron ahí, que donde menos lo piensas hay un rinconcito  que siempre nos sorprenderá,  que no es necesario las grandes obras de arte para admirar la belleza que otros imaginaron, que nuestros pueblos de Andalucía encierran maravillas y que una simple esfera de bronce pueda simbolizar la grandeza del sol que nos calienta y la luz que ilumina la oscuridad. 

 En un tiempo pasado, quizás con mas esplendor, el castillo tendría que ser el centro neurálgico de la villa y desde su atalaya vigilaba y guardaba de malhechores desde aquí hasta Sevilla. Hoy sus ruinas hablan de su esplendor y desde la balconada se divisa las tierras que protegía. Unas ruinas convertidas en jardines y en el centro, en el patio de armas un pequeño monolito se dedica al Sol. 

Un poco mas abajo, la Iglesia recién abierta,  invitaba a visitarla. La música estaba alta, pero era agradable, invitaba a la reflexión, a sentarse en un banco y dejarse llevar por la sensación de Paz y olvidarse de las prisas.

Poco después tomamos un café y al poco tiempo regresamos a casa.

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